Análisis de la política pública para la descentralización turística en el Ecuador

Desde los años 90 el Ecuador ha demostrado ser un país favorable a los postulados sobre descentralización. En el año 1998 se aprobó la “ley especial de descentralización del Estado y de participación social”, institucionalizando así este proceso. Una de las competencias que más transfirió el gobierno central a los gobiernos autónomos descentralizados (GADS) fue la referente al turismo; cuyo principal objetivo era alcanzar un desarrollo turístico sustentable a través de una administración pública local más empoderada. No obstante, como vamos a demostrar en este documento, es evidente que la descentralización turística no ha contribuido al desarrollo turístico sustentable de los territorios locales. Inclusive, afirmamos que el turismo no es ni posible ni recomendable como alternativa productiva para todas las comunidades locales, puesto que no todos los territorios tienen una vocación propiamente turística; por ende, sería imposible (partiendo de esta lógica) alcanzar un desarrollo turístico sostenible y sustentable gracias a la descentralización. Para este efecto, hacemos referencia a dos municipios que podrían ser considerados “casos exitosos”; sin embargo, a lo largo del ensayo exponemos, que tanto Guayaquil y Cuenca presentan dificultades que les impiden potenciar a la actividad turística como motora de sus economías y peor aun como generadora de desarrollo sustentable.

El turismo corresponde una de las actividades productivas más equitativas en cuanto a “redistribución” de la riqueza y creación de empleos se refiere. En los últimos sesenta años, esta industria ha experimentado una expansión y diversificación permanente, llegando a ser uno de los sectores con un crecimiento económico mayor y más rápido del mundo (Pulido 2011). Según la OMT (2010) el turismo en los próximos 40 años generará el 11.3% del PIB mundial y el 8.3% del empleo total. Tradicionalmente, se ha relacionado al turismo con el concepto de desarrollo y con el paso del tiempo se ha convertido en sinónimo de conceptos más profundos como: sustentabilidad, sostenibilidad, responsabilidad y hasta diversidad. No obstante, debemos estar conscientes que esta actividad económica tiene un carácter muy especial, que muchas veces dificulta su gestión eficaz, principalmente por el grado de “transversalidad” que guarda con casi todos los otros sectores de cualquier economía, sin hablar de todos los actores y grupos de interés que intervienen. Como lo vamos a analizar más adelante, el Ecuador desde el año 2001 ha relacionado el concepto de desarrollo sostenible con diversas estrategias; entre esas, la de potenciar las autonomías y la descentralización. Esto se evidencia en los diferentes planes de dinamización turística elaborados e influenciados por organismos internacionales como la OMT, el BID e inclusive algunas ONG como la estadounidense USAID o la alemana GTZ. Continue reading

La Sociedad Civil Ecuatoriana: 15 años de movilizaciones y cambio estructural

Por: Ing. Fernando Verdesoto Russo*

Durante los últimos 5 años de Gobierno del Presidente Rafael Correa hemos experimentado un verdadero cambio de estructura con visión radical para lograr una sociedad civil empoderada y verdaderamente democrática. Sin embargo, existe mucha tarea pendiente para cambiar la percepción individualista de muchos líderes, por una perspectiva más pluralista y nacionalista donde se fortalezca y se empodere al “cuarto poder”, el poder ciudadano. Durante este extenuante recorrido por los últimos años de vida republicana, vamos a plasmar – con total transparencia – hechos concluyentes que reflejan un arquetipo de sociedad civil, que inició con una identidad compartida (especialmente la cultura y diversidad de nuestros pueblos);  y luego sufrió una fragmentación ética (subyugada por el mundo de la vida política) que desmembró y debilitó muchos movimientos sociales y otros actores de la SCO.  Más allá de identificar la situación pasada y presente de la sociedad civil, hemos plasmado sus debilidades y oportunidades; siendo la oportunidad más palpable, consagrar una profunda articulación de todos los actores que conforman a la SCO ecuatoriana para trabajar de la mano con el Estado y el mercado en la construcción de un nuevo País con rostro ciudadano. No obstante, es imperativo que ese marco de trabajo sea un escenario cargado de valores éticos que sean identificables a la identidad nacional para fortalecer el tejido social de nuestros pueblos. El Ecuador no puede permitir más atropellos de las oligarquías en contra de la voluntad popular expresada en las urnas; claramente lo vemos reflejado en el caso de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez; donde la animadversión social ante el sistema democrático era justamente un descontento, no por la democracia representativa, sino por la verdadera democracia que debe ser sinónimo de bienestar y “buen vivir”. Hemos comprobado que un Estado frágil, existe por consecuencia, una sociedad debilitada y fraccionada; y por ende, la oportunidad perfecta para que ciertas instituciones como las ONG’s intervengan en nombre de los derechos civiles, políticos, económicos y sociales de nuestros ciudadanos, con el riesgo inminente de despolitizar a la ciudadanía y deslegitimar al Estado soberano. El auge de las ONG en el Ecuador no es un triunfo para la sociedad civil, por el contrario, es una derrota de la Nación y de la sociedad per sé. 

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Estado, Gobierno y Régimen

Imagen tomada de FMM Educación Argentina

“homo homini lupus” : el hombre es el lobo del hombre. Esta frase de Thomas Hobbes inspira un debate filosófico y deja implícito un mensaje desalentador para algunos pero también prometedor para otros al referirse al hombre como una bestia peligrosa que dada ciertas circunstancias puede atacar a sus semejantes. Desalentador, ya que nuestra realidad es precisamente aquella, vivimos en un mundo donde la lucha del poder por el poder acapara casi todos los aspectos cotidianos de nuestra vida; el poder del saber plasmado en la academia, el poder económico promulgado en el libre mercado, el poder mediático anclado en el supuesto de la libertad de expresión, el poder político acuñado en unos cuantos partidos tradicionales, el poder religioso del clero conservador, en fin, nuestra historia antigua y la historia de nuestro presente se podría resumir en “la perene lucha hegemónica e indiscriminada de la sociedad por el poder”. Sin embargo, podemos hacer también una reflexión positiva sobre aquella frase; dada nuestra condición humana o de animal racional, estamos determinados a hacer de nuestras vidas una búsqueda constante de los medios más idóneos para evolucionar a seres superiores, con el fin último de tomar el control auténtico de una sociedad buena.

De esta manera, la problemática central del presente artículo será reflexionar sobre la organización del hombre en una sociedad. Además, puntualizar el grado de humanidad que podemos alcanzar en ciertas definiciones que nos orienten a comprender el rol esencial de las instituciones formales, el rol protagónico de la sociedad y el rol decisivo de los gobernantes en un contexto global. El objetivo general de este trabajo será consensuar y aterrizar empíricamente conceptos necesarios sobre: Estado, democracia, gobierno, régimen político, entre otros, mediante un profundo análisis comparativo que nos permita llevar a la praxis una función pública más humanista orientada hacia el bien común. Por otra parte, es nuestra intensión proyectar una visión amplia de los conceptos detallados anteriormente, contrastando a varios autores y concluyendo de manera lógica.

El trabajo detallado a continuación será divido en cuatro grandes segmentos. Primero, definición necesaria sobre Estado. Segundo, conceptualización de gobierno. Tercero, análisis sobre régimen y régimen democrático. Finalmente, concluiremos con una recopilación de los segmentos anteriores dejando implícita la relevancia que actualmente ocupa el manejo y la aplicación sana de los términos propuestos. Nuestra intensión será presentar una reflexión que motive a las sociedades del futuro asumir y ver al poder desde una óptica moderna, lo cual implica compartirlo empoderando a otros actores civiles.

I. Definición necesaria sobre Estado.-

Definir la palabra Estado es tanto más complicado como cuestionado a lo largo de la historia, tanto por sus orígenes como por su conceptualización. ¿El Estado existió desde siempre o es un fenómeno histórico que aparece en un cierto momento de la evolución de la humanidad? En primera instancia consideramos necesario definir el término sociedad, puesto que el Estado nace donde existe un grupo de individuos organizados para alcanzar metas comunes y quienes comparten algunos rasgos culturales particulares. Según Aristóteles “el núcleo originario de la comunidad social o política es la familia” , y con el estudio de las relaciones sociales entre los hombres, inician los estudios sobre la filosofía política y posteriormente de la ciencia política. No obstante, hacemos hincapié que tanto para Aristóteles como para Platón el Estado por su naturaleza nace antes que el hombre. Queda claro entonces que es necesario recurrir a los origines de la humanidad para comprender el verdadero origen del Estado; de momento conocemos que guarda estrecha relación con la sociedad, con las instituciones políticas y también con la historia de las doctrinas y las formas de pensamiento antiguo. Sin embargo, el concepto como tal fue recién introducido por Maquiavelo en la Edad Media, quien expresa que “Los Estados y soberanías que han tenido y tienen autoridad sobre los hombres, fueron y son, o repúblicas o principados…” , partiendo de ese concepto podemos inferir que un Estado debería estar conformado por tres elementos básicos: el pueblo, el territorio y el poder. Nuestro primer intento de definición clara sería entonces que –el Estado es un sistema social, asentado en un territorio propio, sujeto a un poder, el cual crea, define y aplica un orden para lograr el bien común–. Es interesante contrastar autores clásicos, quienes utilizan adjetivos similares, por ejemplo Bodino lo define como “un conjunto de familias y sus posesiones comunes gobernadas por un poder de mando según la razón”; en su definición encontramos a la sociedad plasmada en “el conjunto de familias”, al territorio o los bienes públicos cuando se refiere a “posesiones comunes gobernadas” y al uso de la fuerza cuando declara “un poder de mando según la razón” (nótese que Bodino le otorga un adjetivo especial al uso de la fuerza). Autores modernos como Weber también mencionan al uso de la fuerza legítima in-extremis y lo define como “la coacción legítima y específica. Es la fuerza bruta legitimada como “última ratio”, que mantiene el monopolio de la violencia.”. La cohesión es una característica muy común en la definición de Estado y va tomando relevancia según la época y el pensamiento ideológico de cada autor. Conforme Bobbio cita diversos autores, observamos una clara distinción entre el Estado “social” y el Estado “jurídico”, donde las leyes juegan un papel predominante al momento de perfeccionar el concepto, puesto que ya no solo hablamos de la relación entre el pueblo y el territorio, sino que también cuestionamos la legitimidad del poder y en algunos casos como Weber o Jellinek, se legitima el monopolio de la fuerza y la violencia. Históricamente se ha debatido entre los límites del poder entre la relación derecho y Estado, según Mortati “el Estado es un ordenamiento jurídico para los fines generales que ejerce el poder soberano en un territorio determinando, al que están subordinados necesariamente los sujetos que pertenecen a él”. Lo interesante de esta definición es la introducción de la palabra “soberanía”, que marca importante relevancia sobre la facultad de ser reconocido como la institución de mayor prestigio y poder en un territorio determinado. Kelsen también habla del Estado como un ordenamiento jurídico ya que el poder soberano se vuelve el poder de aplicar el derecho de manera legítima y eficaz. Inclusive, deja abierta la posibilidad de usar la fuerza, si es necesario, para respetar el derecho y consecuentemente al Estado. En esta definición el pueblo se convierte en el límite de validez personal del derecho del Estado. Kelsen menciona también que el Estado es una “técnica de organización social para lograr un objetivo”. En conclusión, “para que exista un Estado tiene que existir un poder capaz de tomar decisiones y emitir los mandatos obligatorios para sus habitantes en un territorio determinado” (Bobbio: 1989). Esto no quiere decir que el poder es ilimitado, pues según Bobbio los límites tienen una validez temporal y una validez material en cuanto existan elementos que no puedan ser sometidos objetivamente por el propio ordenamiento del Estado.

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