About fverdesoto

Ha desempeñado cargos de alta dirección, asesoría y coordinación, tanto en empresas turísticas del sector privado (nacionales y extranjeras) como en dependencias del sector público; liderando proyectos de interés local, regional y nacional. Actualmente se dedica a la investigación académica y consultoría en temas relacionados con: desarrollo turístico, reducción de pobreza y desarrollo local, análisis de la cadena de valor turística, entre otros, aplicados a la política turística del Ecuador. Fernando Verdesoto Russo posee alta experiencia en administración de empresas turísticas. Ha colaborado en diversos campos, que van desde la operación turística, agencia de viajes, empresas de entretenimiento, organización de eventos, hotelería & gastronomía y consultoría especializada (sector público y privado).

Análisis de la política pública para la descentralización turística en el Ecuador

Desde los años 90 el Ecuador ha demostrado ser un país favorable a los postulados sobre descentralización. En el año 1998 se aprobó la “ley especial de descentralización del Estado y de participación social”, institucionalizando así este proceso. Una de las competencias que más transfirió el gobierno central a los gobiernos autónomos descentralizados (GADS) fue la referente al turismo; cuyo principal objetivo era alcanzar un desarrollo turístico sustentable a través de una administración pública local más empoderada. No obstante, como vamos a demostrar en este documento, es evidente que la descentralización turística no ha contribuido al desarrollo turístico sustentable de los territorios locales. Inclusive, afirmamos que el turismo no es ni posible ni recomendable como alternativa productiva para todas las comunidades locales, puesto que no todos los territorios tienen una vocación propiamente turística; por ende, sería imposible (partiendo de esta lógica) alcanzar un desarrollo turístico sostenible y sustentable gracias a la descentralización. Para este efecto, hacemos referencia a dos municipios que podrían ser considerados “casos exitosos”; sin embargo, a lo largo del ensayo exponemos, que tanto Guayaquil y Cuenca presentan dificultades que les impiden potenciar a la actividad turística como motora de sus economías y peor aun como generadora de desarrollo sustentable.

El turismo corresponde una de las actividades productivas más equitativas en cuanto a “redistribución” de la riqueza y creación de empleos se refiere. En los últimos sesenta años, esta industria ha experimentado una expansión y diversificación permanente, llegando a ser uno de los sectores con un crecimiento económico mayor y más rápido del mundo (Pulido 2011). Según la OMT (2010) el turismo en los próximos 40 años generará el 11.3% del PIB mundial y el 8.3% del empleo total. Tradicionalmente, se ha relacionado al turismo con el concepto de desarrollo y con el paso del tiempo se ha convertido en sinónimo de conceptos más profundos como: sustentabilidad, sostenibilidad, responsabilidad y hasta diversidad. No obstante, debemos estar conscientes que esta actividad económica tiene un carácter muy especial, que muchas veces dificulta su gestión eficaz, principalmente por el grado de “transversalidad” que guarda con casi todos los otros sectores de cualquier economía, sin hablar de todos los actores y grupos de interés que intervienen. Como lo vamos a analizar más adelante, el Ecuador desde el año 2001 ha relacionado el concepto de desarrollo sostenible con diversas estrategias; entre esas, la de potenciar las autonomías y la descentralización. Esto se evidencia en los diferentes planes de dinamización turística elaborados e influenciados por organismos internacionales como la OMT, el BID e inclusive algunas ONG como la estadounidense USAID o la alemana GTZ. Continue reading

México – Ecuador: una cooperación “simbiótica” en política turística

Cooperación México – Ecuador

Hace pocos años atrás hablar de la política turística internacional en el Ecuador o de las estrategias de promoción para los mercados emisores, era generalmente, hablar de Estados Unidos, Europa o inclusive algunos países vecinos del Sur como Colombia o Perú (inclusive sin tener tan claro el panorama o las rutas de actuación prioritarias). Muy rara vez se pensaba en México como esa gran alternativa de mercado receptivo, puesto que no estaban estructurados ni clasificados nuestros mercados objetivos en algún instrumento regulador que permita un análisis correcto de las estrategias a seguir en el largo plazo. Actualmente, este país amigo está considerado (según nuestro PIMTE[1]) como un mercado “en consolidación”. Por ende, un potencial y poderoso destino emisor que necesita estrategias fuertes que afiancen una relación bilateral de intercambio turístico sostenido. Favorablemente, el pasado 12 de septiembre, el Ministerio de Turismo del Ecuador (MINTUR) y la Secretaría de Turismo de México (SECTUR) firmaron un “Memorándum de Entendimiento” para cooperar en materia turística; reflejando un primer gran paso para crear las bases necesarias y las condiciones óptimas que precisan ambas naciones para hacer de México un mercado consolidado y de Ecuador un destino potencial. En este artículo pretendemos analizar y responder dos planteamientos: 1) ¿qué posibles beneficios concretos puede esperar Ecuador con la política turística mexicana?, y 2) ¿cuál es el escenario futuro para México si se suma a la propuesta de “Turismo Consciente” presentada por el Ecuador?

Tradicionalmente México es considerado un país con liderazgo y vocación turística. Su política (históricamente incrementalista y sostenida) lo ha posicionado como un destino “top” a nivel mundial. La oferta de este país es mega-diversa tanto en extensión territorial, pluralidad cultural y gastronómica, así como también en multiplicidad de actividades de ocio. Por estas razones mantiene una política de constante innovación y profesionalización de la industria, tanto a nivel privado (priorizando la calidad) como a nivel público (innovando en el control y la gestión de destinos), aunque todavía carece de un marco jurídico lo suficientemente fuerte que proteja los destinos frente a inversiones agresivas que atenten contra el medio ambiente. Ahora bien, ¿qué beneficios puede esperar Ecuador de la cooperación con México? La respuesta puede extenderse a muchos planteamientos, inclusive al más obvio, que sería un incremento de pasajeros sostenido en el mediano y largo plazo. Según cifras del MINTUR en el comparativo acumulado entre enero-junio del año 2011 y enero-junio de este año, existe un aumento del 18% del receptivo mexicano y un increíble 42% del emisivo ecuatoriano[2]. No obstante, las cifras “duras” pueden mejorar sustancialmente (ver cuadro N°1). Continue reading

La Sociedad Civil Ecuatoriana: 15 años de movilizaciones y cambio estructural

Por: Ing. Fernando Verdesoto Russo*

Durante los últimos 5 años de Gobierno del Presidente Rafael Correa hemos experimentado un verdadero cambio de estructura con visión radical para lograr una sociedad civil empoderada y verdaderamente democrática. Sin embargo, existe mucha tarea pendiente para cambiar la percepción individualista de muchos líderes, por una perspectiva más pluralista y nacionalista donde se fortalezca y se empodere al “cuarto poder”, el poder ciudadano. Durante este extenuante recorrido por los últimos años de vida republicana, vamos a plasmar – con total transparencia – hechos concluyentes que reflejan un arquetipo de sociedad civil, que inició con una identidad compartida (especialmente la cultura y diversidad de nuestros pueblos);  y luego sufrió una fragmentación ética (subyugada por el mundo de la vida política) que desmembró y debilitó muchos movimientos sociales y otros actores de la SCO.  Más allá de identificar la situación pasada y presente de la sociedad civil, hemos plasmado sus debilidades y oportunidades; siendo la oportunidad más palpable, consagrar una profunda articulación de todos los actores que conforman a la SCO ecuatoriana para trabajar de la mano con el Estado y el mercado en la construcción de un nuevo País con rostro ciudadano. No obstante, es imperativo que ese marco de trabajo sea un escenario cargado de valores éticos que sean identificables a la identidad nacional para fortalecer el tejido social de nuestros pueblos. El Ecuador no puede permitir más atropellos de las oligarquías en contra de la voluntad popular expresada en las urnas; claramente lo vemos reflejado en el caso de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez; donde la animadversión social ante el sistema democrático era justamente un descontento, no por la democracia representativa, sino por la verdadera democracia que debe ser sinónimo de bienestar y “buen vivir”. Hemos comprobado que un Estado frágil, existe por consecuencia, una sociedad debilitada y fraccionada; y por ende, la oportunidad perfecta para que ciertas instituciones como las ONG’s intervengan en nombre de los derechos civiles, políticos, económicos y sociales de nuestros ciudadanos, con el riesgo inminente de despolitizar a la ciudadanía y deslegitimar al Estado soberano. El auge de las ONG en el Ecuador no es un triunfo para la sociedad civil, por el contrario, es una derrota de la Nación y de la sociedad per sé. 

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Formas de Sociedad Civil Organizada

Formas de Sociedad Civil

El mundo actual está cambiando rápidamente y avanza con pasos acelerados hacia una nueva estructura “global”, o por lo menos, hacia una estructura “transnacional”. El viejo paradigma sobre el “nuevo orden mundial” aparenta (con el paso del tiempo) evidenciar mayor relevancia, y lejos de convertirse en una teoría, se está convirtiendo en una realidad empírica; donde encontramos mercados (tradicionalmente) hegemónicos que están siendo castigados por la misma “mano invisible” del capitalismo de Smith; Estados despertando de una “larga y triste noche neoliberal”[1] buscando una cura rápida para la “cruda” realidad que sus sociedades urgentemente demandan; y finalmente, una sociedad civil abatida entre el mundo de la política y el de la economía, luchando a ultranza por retomar su espacio en “el mundo de la vida”[2], tratando con fuerza de abrir espacios de opinión pública para ser escuchada e identificada como el soberano y principal defensor de la democracia.

Este artículo busca aterrizar y debatir el concepto de Sociedad Civil Organizada (SCO), además analizar detalladamente cada arquetipo que se desprende y evoca como resultante de varios procesos emprendidos por la SCO a lo largo de la historia contemporánea para determinar el rol que juega la Sociedad Civil Transnacional (SCT) en el nuevo escenario mundial. Según Larry Diamond la SCO se entiende como el reino de la vida social organizada de forma voluntaria, auto generadora, (ampliamente) apoyada en sí misma, autónoma del Estado y cohesionada por un orden legal o un conjunto de reglas compartidas (Diamond 1994, p. 5). Es evidente que el referente moderno para definir a la sociedad civil ha cambiado con el paso del tiempo y ahora más que nunca podemos diferenciarla de la sociedad en general. En primer lugar, la SCO está conformada por ciudadanos que actúan en la “esfera pública” de manera colectiva para expresar sus ideas, necesidades, pasiones, demandas e intereses (o intereses ajenos). Además, se organizan de manera estructural (en muchos casos) para intercambiar información valiosa que les permita legitimar sus causas y alcanzar metas comunes. Finalmente, organizan campañas, actos, movilizaciones, entre otras estrategias, para concretar sus demandas al Estado o al mercado y responsabilizarlos de las causas que defienden, apoyan o proponen.

Más allá de entender la importancia y la relevancia de la SCO también proponemos descubrir las principales causas que determinaron la aparición de un nuevo sector: el tercer sector organizado. El escenario será el Siglo XX y principios del Siglo XXI. Podemos iniciar con el fin de la II Guerra Mundial, seguido de la creación de la Organización de las Naciones Unidas, el Consenso de Washington y otros eventos de trascendencia global que marcan la pauta para un nuevo paradigma estructural entre la política, la economía y por ende las relaciones sociales mundiales. El nuevo actor en este escenario se llamaría “Modelo de Desarrollo Neoliberal”, una tesis disfrazada de ciencia y apoyada por instituciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, entre otras, que solo potenciaban al capital frente al ser humano. El neoliberalismo promulgó doctrinas que sugerían la reducción del Estado y el aparato burocrático, la desregularización de los mercados y el sector financiero, la privatización de servicios básicos, el endeudamiento exagerado de los Estados (con fines industrializadores y agresivos con el medio ambiente), entre otras doctrinas, que solo trajeron consigo: aumento de la pobreza extrema, desigualdad social, mayor desempleo, sobrexplotación de recursos naturales, indiscriminado aumento en los precios, mayor disparidad de la brecha entre ricos y pobres, entre muchísimos otros efectos negativos, los cuales acaecen a nuestra humanidad hasta la actualidad. El trasfondo político y las nefastas consecuencias económicas, empiezan a despertar en la Sociedad Civil Organizada la necesidad de luchar y defender los derechos, no solo humanos (post guerra), sino también aquellos derechos civiles (también humanos) de carácter social y económico, como el derecho a la salud, al trabajo, al salario digno, a la educación, en fin, al buen vivir.

Tal como lo mencionamos en líneas anteriores pretendemos analizar cuidadosamente los diferentes tipos de sociedad civil organizada que han surgido en la modernidad. Nuestro primer análisis corresponde al nacimiento de los grupos de interés y de interés público, donde contrastaremos algunos casos como: grupos de presión, movimientos sociales, grupos de interés y partidos políticos. En la segunda sección hablaremos de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), principalmente de su rol en los últimos 70 años, sus aspectos positivos y sus aspectos negativos. En la tercera sección traeremos a la mesa de debate la aparición de las comunidades epistémicas, sus particularidades y especialmente su aplicabilidad en la vida real. En la cuarta sección tocaremos el tema de las redes de defensa y en especial destacar la importancia de su característica transnacional y carencia de estructura. Finalmente, vamos a retomar el concepto de Sociedad Civil Transnacional para evaluar en su conjunto a todos los actores mencionados anteriormente y comprender el papel que deberían jugar tanto los actores privados, los actores políticos, los actores sociales y los actores civiles para hacer del mundo una aldea más justa, democrática y próspera.

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De Sociedad a Sociedad Civil

Sociedad Civil Fuerte.- imagen tomada de "Claro Oscuro"

Sociedad Civil Fuerte.- imagen tomada de “Claro Oscuro”

¿Época de cambios o cambio de época? Si analizamos precipitadamente nuestro presente podríamos afirmar que estamos experimentando un dramático cambio de época caracterizado por el hecho de que vivimos en una aldea de Estados y naciones soberanas, pero sujetos a un orden mundial polarizado, con un mercado ágilmente globalizado pero cada vez más difícil de regular y con una comunidad social muy intercomunicada pero lamentablemente individualista. Este artículo está fundamentado en un análisis exhaustivo sobre el papel de la sociedad civil en el mundo cambiante en el que vivimos, donde no solo evolucionan los Estados y los mercados, sino también evolucionan las sociedades. El término “sociedad civil” tiene un sin número de connotaciones, actualmente es utilizado por políticos, empresarios y líderes mundiales –sean estos demócratas o republicanos, derechistas o izquierdistas, laboristas o conservadores, liberales o comunitarios– quienes recurren a la institución de la sociedad civil como la única vía de escape frente a un mundo dominado por Estados arrogantes y mercados egoístas.

A lo largo de este documento intentaremos descubrir el papel protagónico que interpreta el tan llamado “tercer  sector” y el grado de influencia que ejerce en los Estados para alcanzar procesos democráticos y su capacidad de producir bienestar social. Evaluaremos a una sociedad civil que a nuestro criterio se encuentra un poco desgastada y carente (en muchos casos) de moralidad, pero que sin embargo para muchos autores sigue siendo la institución capaz de mediar inequívocamente entre aquel Estado de bienestar y los mercados globales. Más adelante, trataremos de enfatizar la importancia de contar con una sociedad civil capaz de producir y reproducir a la sociedad enmarcada en el  “mundo de la vida” de Habermas pregonando los valores y respetando los derechos individuales, sociales y políticos de los ciudadanos plasmados en la opinión pública. Nuestro principal objetivo será proponer una definición moderna del concepto “sociedad civil” mediante un profundo análisis histórico de las corrientes de pensamiento que le han dado forma a dicho término, para evaluar el rol que cumplen las instituciones no gubernamentales, las familias, las iglesias, las comunidades y los movimientos sociales en nuestra época contemporánea.

Hemos dividido el artículo en cuatro segmentos. Iniciaremos con un recorrido sobre la evolución histórica del concepto “sociedad civil” desde la polis griega hasta la república moderna. En segundo lugar, contrastaremos conceptos teóricos de autores como Marx, Hegel, Gramsci, Habermas, De Tocqueville, entre otros, para lograr una comparación ideal entre las diferentes épocas y corrientes filosóficas. En tercer lugar, evaluaremos los tres tipos de sociedad civil que nos presenta Benjamin Barber: la sociedad civil de los liberales, la de los comunitarios y la sociedad civil fuertemente democrática, para contextualizar positivamente al “tercer sector”. Finalmente, asociaremos los contenidos antes expuestos para presentar un concepto ideal de sociedad civil que nos aproxime a una definición más contemporánea, democrática y cívica.

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Review: “Left, Right and the third way”

Image from "The Choice Effect"

The ideal way of driving a nation’s path has become the cornerstone in several political debates, from antique Greece up to the global World we live in. In fact, policy making is constantly observed, carefully analyzed, radically criticized and often lethargically modified by modern politicians, sociologists, philosophers, ideologists and even concerned citizens. The cited work “Left, Right, and the third way” arguments about the applicability of a new way of doing politics in England; moreover, it drives us on several conclusions about the transcendence of this “third way” from the Old Left and the New Right regarding Britain’s Modern Labour Party. The author’s main concern is to assert that in fact contemporary policy does not move as “beyond”, from the Old Left and the New Right, as some politicians like Tony Blair strongly promulgated during his time as Prime Minister. The article profoundly analyzes the conditions, values and means to achieve new policies and clearly suggests that there is not just space for a third way but for many other ways of making public policy. This paper is a positive critique and analysis of the following points; first, is the third way an ideology or a political project? Second, it is just a matter of a radical shift from the left or right and moving forward to a totally different context? And finally, how relevant is the conception of having multiple ways and not just a third way?

Defining can be sometimes complicated and even a confusing task. At the beginning of the article, despite it seemed easy and simple to describe the third way, when going deep into context we realized that embracing the perfect definition was in fact challenging. Is the third way an ideology or just a political project?; throughout the article, the authors try to define this new way of doing policy by revealing us what is not, by explaining how distant or close it is from the Old Left or the New Right and mainly by detailing the scenario for a new way to act in terms of its general conditions, values and means. Nevertheless, the third way is often described as a political project that combines different types of democracies from social to liberal. In fact, it is presented and cited by Blair as a series of steps to proceed in a global context with inherited problems from Thatcherism in the 70s and neoliberals, especially in terms of deregularization of the financial sector, poor state intervention on trade and “free market” (individualism), and even poor action on common wealth. In contrast, the third way is also shown as a project far beyond the Old Left, since it doesn’t promotes unhealthy state paternalism, excessive public spending, and other Keynesian recipes for macro economical problems. In the end, we can infer that the third way is a project that tries to combine the best of each ideology with a tendency of moving “further on” to Centre Left with a very close look to the right. Moreover, the idea is to assert new ways of public intervention with a touch of governance striving for efficiency and common wealth.

 On the matter of a radical break we can surely assume that the third way does not leave the past behind. Hence, as the authors clearly state “the third way offers a politics which is beyond the close ideological systems of Left and Right; but which still combines them both and remains within the tradition of the middle way politics…[1]. It is obvious and clear to understand that in order to modify our modern context we need to base our decisions on past experiences by carefully selecting the best practices derived on historical results, not just by deliberately assuming the best policy that serves social justice and economy efficiency with social cohesion. In addition, we can refer to a more feasible project that is moving forward to a different context embracing several policies on “rights-based liberal individualism in constitutional reform but social conservatism in welfare and criminal justice system”, or giving independence to the Central Bank but spending more public funds in order to improve health and social security. As the authors conclude, the third way is a consensus that could leave us neither on far beyond left not far beyond right.

 It seems extremely selfish and even unacceptable to declare the “third way” as the only rout for modernizing public affairs or democratizing democracy[2] as Anthony Giddens Stated. As mentioned earlier, the fundamental grounds of any democratic regime are based on values, formal institutions and national identity. Therefore, we can infer that political context will always change depending on current issues and specially on values; consequently, different points of view could apply for the same social problems. This statement opens a wide range of alternatives for policy making and ways of applying “the third way” in order to mitigate any social problematic. The perfect example is provided by the authors when they mention that “Gidden’s solution is to emphasize active individualism where Blair´s is to stress moral responsibilities and standards as an antidote to the individualism he identifies, a more communitarian response…” Both had different concepts of the ideal third way, and indeed both had discrepancies on how to ideally build policies in an era where globalization, transformations in personal life and relationship to nature play a significant roll.

We must think, analyze, infer and explore new alternatives beyond social or liberal democracies, but combining the best of both practices by situating ourselves on a middle position. A position that should be pragmatic, congruent with current events, novel with society, efficient with trade and market, understanding with global governance and liberal on social matters in favour of greater economical interventions. To sum up, society needs constant changes on “policy making” since scenarios are constantly changing. The historical context and modern values lead us to multiple ways of conceiving public policies where Left and Right must coexist in this so called “third way” “with mutually dependent and reciprocal relationships”.


[1] Driver, S. & Martell, L. (2000). “Left, Right and the third way”. Policy & Politics vol. 28 N° 2, page 154.

[2] Giddens, A. (1994). “Beyond Left and Right — the Future of Radical Politics”. Cambridge: Polity.

Estado, Gobierno y Régimen

Imagen tomada de FMM Educación Argentina

“homo homini lupus” : el hombre es el lobo del hombre. Esta frase de Thomas Hobbes inspira un debate filosófico y deja implícito un mensaje desalentador para algunos pero también prometedor para otros al referirse al hombre como una bestia peligrosa que dada ciertas circunstancias puede atacar a sus semejantes. Desalentador, ya que nuestra realidad es precisamente aquella, vivimos en un mundo donde la lucha del poder por el poder acapara casi todos los aspectos cotidianos de nuestra vida; el poder del saber plasmado en la academia, el poder económico promulgado en el libre mercado, el poder mediático anclado en el supuesto de la libertad de expresión, el poder político acuñado en unos cuantos partidos tradicionales, el poder religioso del clero conservador, en fin, nuestra historia antigua y la historia de nuestro presente se podría resumir en “la perene lucha hegemónica e indiscriminada de la sociedad por el poder”. Sin embargo, podemos hacer también una reflexión positiva sobre aquella frase; dada nuestra condición humana o de animal racional, estamos determinados a hacer de nuestras vidas una búsqueda constante de los medios más idóneos para evolucionar a seres superiores, con el fin último de tomar el control auténtico de una sociedad buena.

De esta manera, la problemática central del presente artículo será reflexionar sobre la organización del hombre en una sociedad. Además, puntualizar el grado de humanidad que podemos alcanzar en ciertas definiciones que nos orienten a comprender el rol esencial de las instituciones formales, el rol protagónico de la sociedad y el rol decisivo de los gobernantes en un contexto global. El objetivo general de este trabajo será consensuar y aterrizar empíricamente conceptos necesarios sobre: Estado, democracia, gobierno, régimen político, entre otros, mediante un profundo análisis comparativo que nos permita llevar a la praxis una función pública más humanista orientada hacia el bien común. Por otra parte, es nuestra intensión proyectar una visión amplia de los conceptos detallados anteriormente, contrastando a varios autores y concluyendo de manera lógica.

El trabajo detallado a continuación será divido en cuatro grandes segmentos. Primero, definición necesaria sobre Estado. Segundo, conceptualización de gobierno. Tercero, análisis sobre régimen y régimen democrático. Finalmente, concluiremos con una recopilación de los segmentos anteriores dejando implícita la relevancia que actualmente ocupa el manejo y la aplicación sana de los términos propuestos. Nuestra intensión será presentar una reflexión que motive a las sociedades del futuro asumir y ver al poder desde una óptica moderna, lo cual implica compartirlo empoderando a otros actores civiles.

I. Definición necesaria sobre Estado.-

Definir la palabra Estado es tanto más complicado como cuestionado a lo largo de la historia, tanto por sus orígenes como por su conceptualización. ¿El Estado existió desde siempre o es un fenómeno histórico que aparece en un cierto momento de la evolución de la humanidad? En primera instancia consideramos necesario definir el término sociedad, puesto que el Estado nace donde existe un grupo de individuos organizados para alcanzar metas comunes y quienes comparten algunos rasgos culturales particulares. Según Aristóteles “el núcleo originario de la comunidad social o política es la familia” , y con el estudio de las relaciones sociales entre los hombres, inician los estudios sobre la filosofía política y posteriormente de la ciencia política. No obstante, hacemos hincapié que tanto para Aristóteles como para Platón el Estado por su naturaleza nace antes que el hombre. Queda claro entonces que es necesario recurrir a los origines de la humanidad para comprender el verdadero origen del Estado; de momento conocemos que guarda estrecha relación con la sociedad, con las instituciones políticas y también con la historia de las doctrinas y las formas de pensamiento antiguo. Sin embargo, el concepto como tal fue recién introducido por Maquiavelo en la Edad Media, quien expresa que “Los Estados y soberanías que han tenido y tienen autoridad sobre los hombres, fueron y son, o repúblicas o principados…” , partiendo de ese concepto podemos inferir que un Estado debería estar conformado por tres elementos básicos: el pueblo, el territorio y el poder. Nuestro primer intento de definición clara sería entonces que –el Estado es un sistema social, asentado en un territorio propio, sujeto a un poder, el cual crea, define y aplica un orden para lograr el bien común–. Es interesante contrastar autores clásicos, quienes utilizan adjetivos similares, por ejemplo Bodino lo define como “un conjunto de familias y sus posesiones comunes gobernadas por un poder de mando según la razón”; en su definición encontramos a la sociedad plasmada en “el conjunto de familias”, al territorio o los bienes públicos cuando se refiere a “posesiones comunes gobernadas” y al uso de la fuerza cuando declara “un poder de mando según la razón” (nótese que Bodino le otorga un adjetivo especial al uso de la fuerza). Autores modernos como Weber también mencionan al uso de la fuerza legítima in-extremis y lo define como “la coacción legítima y específica. Es la fuerza bruta legitimada como “última ratio”, que mantiene el monopolio de la violencia.”. La cohesión es una característica muy común en la definición de Estado y va tomando relevancia según la época y el pensamiento ideológico de cada autor. Conforme Bobbio cita diversos autores, observamos una clara distinción entre el Estado “social” y el Estado “jurídico”, donde las leyes juegan un papel predominante al momento de perfeccionar el concepto, puesto que ya no solo hablamos de la relación entre el pueblo y el territorio, sino que también cuestionamos la legitimidad del poder y en algunos casos como Weber o Jellinek, se legitima el monopolio de la fuerza y la violencia. Históricamente se ha debatido entre los límites del poder entre la relación derecho y Estado, según Mortati “el Estado es un ordenamiento jurídico para los fines generales que ejerce el poder soberano en un territorio determinando, al que están subordinados necesariamente los sujetos que pertenecen a él”. Lo interesante de esta definición es la introducción de la palabra “soberanía”, que marca importante relevancia sobre la facultad de ser reconocido como la institución de mayor prestigio y poder en un territorio determinado. Kelsen también habla del Estado como un ordenamiento jurídico ya que el poder soberano se vuelve el poder de aplicar el derecho de manera legítima y eficaz. Inclusive, deja abierta la posibilidad de usar la fuerza, si es necesario, para respetar el derecho y consecuentemente al Estado. En esta definición el pueblo se convierte en el límite de validez personal del derecho del Estado. Kelsen menciona también que el Estado es una “técnica de organización social para lograr un objetivo”. En conclusión, “para que exista un Estado tiene que existir un poder capaz de tomar decisiones y emitir los mandatos obligatorios para sus habitantes en un territorio determinado” (Bobbio: 1989). Esto no quiere decir que el poder es ilimitado, pues según Bobbio los límites tienen una validez temporal y una validez material en cuanto existan elementos que no puedan ser sometidos objetivamente por el propio ordenamiento del Estado.

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