Formas de Sociedad Civil Organizada

Formas de Sociedad Civil

El mundo actual está cambiando rápidamente y avanza con pasos acelerados hacia una nueva estructura “global”, o por lo menos, hacia una estructura “transnacional”. El viejo paradigma sobre el “nuevo orden mundial” aparenta (con el paso del tiempo) evidenciar mayor relevancia, y lejos de convertirse en una teoría, se está convirtiendo en una realidad empírica; donde encontramos mercados (tradicionalmente) hegemónicos que están siendo castigados por la misma “mano invisible” del capitalismo de Smith; Estados despertando de una “larga y triste noche neoliberal”[1] buscando una cura rápida para la “cruda” realidad que sus sociedades urgentemente demandan; y finalmente, una sociedad civil abatida entre el mundo de la política y el de la economía, luchando a ultranza por retomar su espacio en “el mundo de la vida”[2], tratando con fuerza de abrir espacios de opinión pública para ser escuchada e identificada como el soberano y principal defensor de la democracia.

Este artículo busca aterrizar y debatir el concepto de Sociedad Civil Organizada (SCO), además analizar detalladamente cada arquetipo que se desprende y evoca como resultante de varios procesos emprendidos por la SCO a lo largo de la historia contemporánea para determinar el rol que juega la Sociedad Civil Transnacional (SCT) en el nuevo escenario mundial. Según Larry Diamond la SCO se entiende como el reino de la vida social organizada de forma voluntaria, auto generadora, (ampliamente) apoyada en sí misma, autónoma del Estado y cohesionada por un orden legal o un conjunto de reglas compartidas (Diamond 1994, p. 5). Es evidente que el referente moderno para definir a la sociedad civil ha cambiado con el paso del tiempo y ahora más que nunca podemos diferenciarla de la sociedad en general. En primer lugar, la SCO está conformada por ciudadanos que actúan en la “esfera pública” de manera colectiva para expresar sus ideas, necesidades, pasiones, demandas e intereses (o intereses ajenos). Además, se organizan de manera estructural (en muchos casos) para intercambiar información valiosa que les permita legitimar sus causas y alcanzar metas comunes. Finalmente, organizan campañas, actos, movilizaciones, entre otras estrategias, para concretar sus demandas al Estado o al mercado y responsabilizarlos de las causas que defienden, apoyan o proponen.

Más allá de entender la importancia y la relevancia de la SCO también proponemos descubrir las principales causas que determinaron la aparición de un nuevo sector: el tercer sector organizado. El escenario será el Siglo XX y principios del Siglo XXI. Podemos iniciar con el fin de la II Guerra Mundial, seguido de la creación de la Organización de las Naciones Unidas, el Consenso de Washington y otros eventos de trascendencia global que marcan la pauta para un nuevo paradigma estructural entre la política, la economía y por ende las relaciones sociales mundiales. El nuevo actor en este escenario se llamaría “Modelo de Desarrollo Neoliberal”, una tesis disfrazada de ciencia y apoyada por instituciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, entre otras, que solo potenciaban al capital frente al ser humano. El neoliberalismo promulgó doctrinas que sugerían la reducción del Estado y el aparato burocrático, la desregularización de los mercados y el sector financiero, la privatización de servicios básicos, el endeudamiento exagerado de los Estados (con fines industrializadores y agresivos con el medio ambiente), entre otras doctrinas, que solo trajeron consigo: aumento de la pobreza extrema, desigualdad social, mayor desempleo, sobrexplotación de recursos naturales, indiscriminado aumento en los precios, mayor disparidad de la brecha entre ricos y pobres, entre muchísimos otros efectos negativos, los cuales acaecen a nuestra humanidad hasta la actualidad. El trasfondo político y las nefastas consecuencias económicas, empiezan a despertar en la Sociedad Civil Organizada la necesidad de luchar y defender los derechos, no solo humanos (post guerra), sino también aquellos derechos civiles (también humanos) de carácter social y económico, como el derecho a la salud, al trabajo, al salario digno, a la educación, en fin, al buen vivir.

Tal como lo mencionamos en líneas anteriores pretendemos analizar cuidadosamente los diferentes tipos de sociedad civil organizada que han surgido en la modernidad. Nuestro primer análisis corresponde al nacimiento de los grupos de interés y de interés público, donde contrastaremos algunos casos como: grupos de presión, movimientos sociales, grupos de interés y partidos políticos. En la segunda sección hablaremos de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), principalmente de su rol en los últimos 70 años, sus aspectos positivos y sus aspectos negativos. En la tercera sección traeremos a la mesa de debate la aparición de las comunidades epistémicas, sus particularidades y especialmente su aplicabilidad en la vida real. En la cuarta sección tocaremos el tema de las redes de defensa y en especial destacar la importancia de su característica transnacional y carencia de estructura. Finalmente, vamos a retomar el concepto de Sociedad Civil Transnacional para evaluar en su conjunto a todos los actores mencionados anteriormente y comprender el papel que deberían jugar tanto los actores privados, los actores políticos, los actores sociales y los actores civiles para hacer del mundo una aldea más justa, democrática y próspera.

II. Sección N°1: los grupos en la Sociedad Civil Organizada.-

Los grupos de interés y de interés público surgen “formalmente” como respuesta a cambios estructurales en el sistema político internacional contemporáneo y principalmente a la necesidad de socializar y legitimar políticas públicas que puedan tener un impacto significativo en cierta porción de la sociedad (en mayor o menor escala). No obstante, autores como De Tocqueville, Lorenz Von Stein o James Madison, ya advertían sutilmente en sus obras de la influencia de los “grupos de interés” en las sociedades y en la política del Siglo XVIII y XIX. En esta sección pretendemos adentrarnos en la arena de la sociedad civil vista como una arena de conflicto de interés, donde los grupos, y sus diferentes variantes, aparecen como actores capaces de influenciar y presentar sus ideas en la arena política (especialmente a los “decision makers” o tomadores de decisiones). Partimos esta sección con el antecedente histórico que nos reseña Pasquino (1987, p. 727) al referirse sobre la “teoría de los grupos” iniciada por Bentley y continuada por Truman, quienes concluyen que toda actividad política se reduce a una lucha entre grupos e intereses. Truman trata de sistematizar el proceso político como un medio a través del cual los valores sociales se asignen de modo imperativo a través de las decisiones públicas, las cuales son producidas por “actividades” (dependientes) que se articulan y conjugan en torno a las decisiones. Los grupos responderían a esta suma de actividades, cuya lucha (entre grupos e intereses) determina qué decisiones se han de tomar (Campo 2009). Es evidente entonces que los grupos son masas de actividades orientadas a una dirección específica en torno a los intereses que se persigan, sean estos políticos, sociales, económicos, ambientales, entre otros. Sin embargo, para poder identificar y esquematizar a los grupos dentro de la SCO es necesario definir cada arquetipo. En primer lugar encontramos a los grupos de interés, general y ampliamente definidos como asociaciones voluntarias independientes del sistema político que intentan influenciar al gobierno (Burstein 1998, Walker 1991, Wilson 1973 citado en Andrews & Edwards 2004). Más específicamente, los grupos de interés, son asociaciones o conjunto de individuos que comparten actividades de carácter voluntario y son independientes del sector público; tratan de influir en la política y también en la opinión pública. Por ejemplo, los grupos feministas que además de tratar de cambiar las políticas públicas en torno a temas de género también tratan de modificar y sensibilizar el comportamiento de la sociedad a través de la opinión pública. Generalmente buscan un interés privado y para ser miembros de estos grupos hay que compartir una misma actividad. Por el contrario, los grupos de interés público se definen como aquellos que buscan un “bien colectivo”, cuyo fin y realización no necesariamente busca un beneficio selectivo y material de sus miembros o de la organización (Berry 1977, p. 3, citado en Andrews & Edwards 2004). Es evidente que la gran diferencia es el aspecto “altruista” de los grupos de interés público frente al interés privado de los grupos de interés general; además, su membresía no tiene límites, no existen barreras ocupacionales, y se estructuran en base a valores compartidos.

En otra instancia encontramos a los denominados “grupos de presión” que según Pasquino (1987, p. 729) son instituciones formales cuya modalidad de acción es la presión para conseguir sus intereses. Es importante aclarar que la “presión” no necesariamente se traduce en poder político, amenazas, castigos, aspectos negativos o aspectos positivos; sino que es una forma estratégica de transmitir los mensajes para lograr los fines pertinentes. En la modernidad conocemos esta práctica como “cabildeo” o “Lobbying”, proceso o actividad por medio del cual los grupos de interés, actuando como intermediarios, ponen en manos de legisladores o políticos los deseos de dichos grupos (Pasquino 1987, p. 728). En otras palabras es una transmisión de mensajes de los grupos de presión a los “decision makers”. No obstante, ¿cuáles son las características principales de los g. de presión y cómo se diferencian éstos de los partidos políticos? 1) Se estructuran como una “organización” con órganos propios que los representan y dirigen. 2) El factor que une a sus integrantes es la defensa de un interés común generalmente particular de la sociedad civil global. 3) Sus miembros no ocupan cargos en el gobierno. 4) Se politizan al desplegar una acción encausada a ejercer influencia en la adopción de decisiones políticas, pero no se proponen obtener cargos de gobierno ni participan en procesos electorales (Campo 2009). Este último punto marca una clara distinción entre los g. de presión y los partidos políticos, puesto que los segundos buscan directamente la administración del poder político y la función de expresión democrática. En síntesis, podemos afirmar que los grupos de presión son articuladores de intereses y los partidos políticos son agregadores de intereses. Sin embargo, ambos actores tienen más similitudes que divergencias e inclusive Pasquino identifica algunos problemas que evidencian una relación convergente como por ejemplo: los g. de presión en algunos casos controlan a los partidos políticos a través de la financiación (de esta manera obstaculizan los intereses específicos del partido y sus afiliados); además, los grupos de presión suelen ser emanaciones de los partidos y reciben mucho apoyo de estos, por ende, el control de los partidos les impide articular de manera autónoma los intereses de la sociedad; y finalmente, existe una identidad compartida en algunos temas pero lamentablemente no en la mayoría de temas políticamente relevantes. Más allá de las diferencias, similitudes o convergencias, podemos afirmar que tanto los g. de presión como los partidos políticos son instancias necesarias en la creación y fortalecimiento de una sociedad más democrática por ende justa; es importante mencionar que lo ideal sería contar con partidos que articulen mayores intereses de base (no solo de élites como sindicatos, gremios o asociaciones), sino también de una sociedad (muchas veces relegada) que debería sentirse empoderada y legitimada en la participación ciudadana por aquellos grupos de interés y de interés público. En última instancia estos pronunciamientos legítimos y de base deberían ser llevados a la praxis por la voluntad política de los partidos y plasmados en políticas públicas por los gobiernos de turno.

Para finalizar esta sección vamos a referirnos brevemente sobre los movimientos sociales y dejar abierta la puerta a las organizaciones sin fines de lucro y organizaciones de base (que retomaremos con profundidad en la sección N°2). Por definición los movimientos sociales son organizaciones muy similares a los grupos de interés público pero con un nivel de institución muy bajo (McCarthy & Zald 1977 citado en Andrews & Edwards 2004). Estos actores tienen varias formas y estrategias para emprender acciones colectivas pero generalmente usan tácticas disruptivas no institucionalizadas y frecuentemente se alinean con partidos políticos. En la práctica es difícil establecer que las acciones “disruptivas” le corresponden exclusivamente a los movimientos sociales, ya que – como veremos más adelante y específicamente en las ONG – todos los actores que conforman a la Sociedad Civil Organizada comparten estrategias similares. En las próximas secciones vamos analizar cómo se establecen las agendas, cuáles son las estrategias de acceso a la opinión pública para ser escuchados por los “tomadores de decisiones”, cómo se debe llevar el proceso de implementación y control de las políticas planteadas, entre muchos otros aspectos relevantes. En conclusión, el mayor argumento que sostienen los sociólogos para diferenciar los g. de interés frente a los movimientos sociales se centra en una mayor institucionalización por parte de los grupos. No obstante, según Andrew y Edwards (2004, p. 5) no existe un consenso establecido para medir esta distinción de manera empírica. La exclusión o inclusión de estos actores en las decisiones de los poderosos debería ser vista como una variable más, y utilizar otros aspectos como la financiación de los grupos por parte de gobiernos, fundaciones internacionales o corporaciones. Es evidente que a mayor institucionalización existirá mayor fortaleza, aunque en los momentos decisivos de legitimar la acción colectiva, será necesario recurrir a movimientos poco estructurados que evidencien un alto grado de representatividad y por ende una fuerza de coalición lo suficientemente poderosa como para sensibilizar a la opinión pública y por ende a los políticos. A fin de cuentas podemos asegurar que vivimos en sociedades más pluralistas donde el poder se encuentra repartido en diferentes proporciones, entre varios actores y grupos de la sociedad con intereses diferentes; la única forma de mediar a todos los actores es a través de procesos regulados por los organismos gubernamentales. En esta sociedad, los intereses opuestos se encuentran en equilibrio, y la fortaleza de la propia sociedad hace que ningún interés se encuentre fuera de estos mecanismos (Campo 2009).

III. Sección N°2: Las Organizaciones no gubernamentales: estructura y retos.-

            En esta sección abrimos un espacio de debate para relatar la historia y el papel que ha representado uno de los actores de la SCO más institucionalizados, estructurados, activos, participativos, reconocidos y legitimados en la historia contemporánea de la Sociedad Civil moderna: las Organizaciones no gubernamentales (ONG). En primer lugar vamos a revisar algunos conceptos que le han dado forma a este actor civil; según la Organización de las Naciones Unidas (1945) una ONG es cualquier organismo de servicios con finalidad no lucrativa; esta definición encaja en un marco general que engloba un sinnúmero de actores que deben cumplir dos condiciones: 1) dar u ofrecer servicios (entiéndase cualquier tipo de prestación) y 2) no tener una finalidad lucrativa (léase destinar o reinvertir los fondos en la organización); sin embargo, en la definición no se manifiesta el carácter “no gubernamental” como condición empírica aunque queda explícito en el nombre per sé. Nos detenemos un momento para reflexionar dos cuestiones; primero, connotativamente el nombre ONG implica por definición un aspecto negativo y excluyente, refiriéndose a lo que no es (una organización “no” gubernamental); segundo, en la actualidad encontramos una gran cantidad de definiciones de acuerdo al país, organización, marco jurídico, herencias culturales y hasta manifestaciones o tradiciones políticas, lo que nos permite afirmar que históricamente el término puede resultar ambiguo y muy flexible (inclusive hasta la actualidad). No obstante y a pesar de las variantes conceptuales, es claro que las ONG cumplen un rol substancial en la representación o abogacía (nacional e internacional) de porciones de la sociedad que han sido olvidadas por sus gobiernos, explotadas por los mercados e inclusive ignoradas por la propia sociedad. Nuno Da Silva y Alejandro Natal (1996) las definen como aquellos grupos formalmente organizados, fuera de la esfera pública, que trabajan en actividades no lucrativas en pro del alivio de la pobreza y del desarrollo social, de ellos mismos y/o de otros. Su interés no es solo el beneficio de los miembros de la asociación, sino un interés público, que en general se organiza a través de acciones dirigidas desde arriba (citado en Murugó 1998, p. 39). En este ejemplo nos interesa rescatar lo siguiente: 1) el aspecto formal y organizado, donde queda evidenciado la necesidad de formar estructuras sólidas y administrativamente eficientes; 2) su enfoque de trabajo “alivio de la pobreza y desarrollo social”, marca un trasfondo interesante sobre el ámbito en el que se enfocan las ONG a partir de los años noventa; y 3) lograr el interés público emprendiendo acciones “desde arriba” – más adelante vamos a revisar su estructura y estrategias – sin embargo, ¿a qué característica aplica esta connotación? ¿A su estructura vertical y de jerarquía, o al tradicional apoyo Norte / Sur figurado en la asistencia de países desarrollados a países sub-desarrollados? Por su parte, el Banco Mundial (1991, p. 7) las define como grupos o instituciones de carácter privado, total o parcialmente independientes del gobierno, cuyos objetivos son sobre todo de índole humanitario y cooperativo, más bien que comerciales. Esta definición insinúa una posible dependencia entre ciertas ONG’s e instituciones gubernamentales, lo cual en la actualidad es muy común, especialmente en relación al financiamiento para cooperación de proyectos, legitimación e inclusive inclusión consultiva en la elaboración de políticas públicas. Anna Pi I Murugó (1998, p. 40) es enfática en aplicar el término visto desde un espectro práctico al señalar que las ONG están destinadas a la promoción del desarrollo a través de la investigación, capacitación, comunicación y asesoría directa a grupos de base, cumpliendo una tarea de servicio público. Nos queda claro que estas organizaciones son instituciones altamente profesionalizadas que buscan intermediar voluntariamente en la esfera pública entre otros actores de la sociedad civil, la sociedad misma, la clase política  e inclusive el sector corporativo económico-financiero; con un fin altruista (no lucrativo) y en muchos casos en defensa de intereses propios y ajenos que evocan en causas pro-bienestar del ser humano (entiéndase “bienestar” como adjetivo que incorpora toda clase de derechos tanto civiles como políticos), las cuales se constituyen de manera formal, jerárquica y actúan estratégicamente para influenciar en la opinión pública y legitimar sus objetivos.

            El origen de las ONG como actores de la SCO no tiene un bagaje histórico muy específico; sin embargo, algunos autores manifiestan que las organizaciones sin fines de lucro aparecen por primera vez (en el ámbito internacional) a mediados del Siglo XIX, con la movilización de varios grupos que defendían las causas antiesclavistas en el marco de la Convención Mundial contra la Esclavitud en el año 1840. No obstante, casi 100 años después, la Organización de las Naciones Unidas reconoce formal y oficialmente a las ONG, amparadas en el Artículo 71 de su Carta Magna y legitimando su participación consultiva en el ámbito global como representantes del Consejo Económico y Social, (ECOSOC en español), a pesar de no tener derecho a voto (Murugó 1998, p. 40). Según el “Yearbook of International Organizations”, actualmente se contabilizan 65313[3] organizaciones internacionales versus las 43 con las que la ONU inició en el año 1945. Así, la primera ONG fue el Movimiento Internacional de la Cruz Roja, que se creó en 1863, Save the Children´s Fund en 1919, y Oxford Famine Relief Committee, para luchar contra el hambre posterior a la Segunda Guerra Mundial. El número sigue creciendo, sus intereses se han ido diversificando y su actuación, además de ser cada vez más legitimada, también está siendo criticada por expertos que aducen ciertas irregularidades e intentos conspiradores en algunos Estados débiles. Según David Korten (Citado en Murugó 1998, p. 42-43) las ONG pueden ser clasificadas por su evolución histórica en los siguientes cuatro períodos: primero, “enfoque asistencialista” (años 50 y 60) donde la mayoría de actores trabajan por causas humanitarias frente a momentos de emergencias (guerras, desastres naturales, etc.), principalmente colaboraban con la transferencia de fondos; segundo, “enfoque desarrollista” (años 60 y 70), conforme se desarrolla la economía mundial, las ONG empiezan a emprender programas locales de “autoayuda” para comunidades pobres y necesitadas de provisiones básicas (la idea es “aprender a desarrollarse, enseñando a pescar”[4]); el tercer enfoque es el “intervencionista” (años 80), generación en la cual las grandes ONG (locales, nacionales o regionales) trabajan con organizaciones de base y les ayudan a financiarse, las capacitan y brindan una variedad de servicios de asistencia; finalmente, encontramos a la generación que se opone a las políticas neoliberales (años 90 hasta la actualidad),  básicamente son organizaciones que tratan de satisfacer lo que el Estado dejó de hacer (desaparición del Welfare State) al reprimir las políticas sociales por dejar todo en manos del mercado y del capital.

            En líneas anteriores hemos definido a las organizaciones no gubernamentales; sin embargo, consideramos necesario profundizar en aquellas características y dimensiones que evidencian con claridad los aspectos de identidad que moldean a este actor. Leon Gordenker y Thomas Weiss (1996, p. 212-216) realizan una clasificación estructural donde ubican a las ONG (incluyendo a las Organizaciones intergubernamentales sin fines de lucro) en cuatro dimensiones: a) la dimensión organizacional, b) la dimensión de gobernanza, c) la dimensión estratégica y d) la dimensión de resultados. En la forma de organización podemos rescatar varios elementos como por ejemplo: el aspecto voluntario de varios de sus integrantes, un sistema administrativo jerárquico y burocratizado, un alto grado de institucionalidad, un equipo de funcionarios muy profesionalizados y capacitados, una coordinación operativa que les permite actuar desde los niveles locales hasta los niveles transnacionales o viceversa, una relación en los lugares donde se desarrollan los proyectos con otras ONG llamadas contrapartes que ejecutan (Murugó 1998 p. 41) y finalmente gran parte de su financiamiento proviene de instituciones públicas (en Estados Unidos apenas el 20% tiene que ser financiamiento privado para poder acceder a fondos estatales). Con respecto a la gobernanza, primeramente la entendemos como una nueva forma de gobernar (especialmente en el mundo globalizado) donde la intervención del Estado debería estar definida por la eficacia, la calidad y la buena orientación de políticas públicas que legitimen su proceder. Muchos autores enfatizan el hecho de que la relación entre el Estado y las Organizaciones no gubernamentales se ha estrechado tanto con el paso del tiempo, a tal punto que existen instituciones de la sociedad civil radicadas en países institucionalmente débiles en donde aquellas ONG influencian, direccionan e inclusive mantienen funciones donde el gobierno no actúa; virtualmente, se evita el contacto con funcionarios públicos y se trabaja directamente con las comunidades y organizaciones de base, las cuales son los principales beneficiarios del proyecto, campaña o programa. Esto evidencia un grave problema, ya que, al definir a la sociedad civil como aquellas instituciones que resuelven los problemas que el Estado no puede resolver, el Estado deja de ser foco de institucionalidad y por ende pierde su legitimidad. Volviendo al tema de gobernanza, lo más óptimo sería encontrar caminos y alternativas conjuntas donde el Estado, sin perder legitimación, coopera con proyectos de las ONG las cuales no solo reciben un apoyo “técnico-económico”, sino también un apoyo legítimo desde la propia legislatura o el poder ejecutivo con políticas públicas que permitan y motiven un trabajo mancomunado que incluya tanto al Estado, como al mercado y a la sociedad civil. La tercera dimensión es práctica / estratégica, donde el enfoque será revisar las técnicas que emplean estas organizaciones para lograr buenas relaciones con la autoridad. Una de las herramientas más empleadas por las ONG es el manejo de la comunicación, Gordenker y Weiss (1996, p. 214) mencionan algunas como el cabildeo o antes mencionado “Lobbying”, también el uso de propagandas masivas, reportes de expertos, conferencias internacionales, monitoreo y seguimiento de la información e inclusive formar “coaliciones” en conjunto con otros actores civiles y sociales para posicionar su mensaje con mayor fuerza y apelar las decisiones de los gobiernos, instituciones intergubernamentales o la opinión pública en general (nótese que en está última estrategia pueden entrar prácticas disruptivas comunes a los movimientos sociales). Con respecto al financiamiento, estas pueden recurrir a cuatro variantes: a) auto-producción, generando sus propios recursos financieros (por ejemplo: cobrando una cuota); b) a través de subsidios (por ejemplo fondos provenientes de los gobiernos, corporaciones, organizaciones intergubernamentales e inclusive otras ONG); c) por agregación, en otras palabras cada miembro o integrante de la organización pone a disposición sus propios recursos; y d) por apropiación, lo que implica que se utilicen recursos cuyo objetivo de diseño es distinto al que utilizan las ONG (por ejemplo: utilizar el espacio de una iglesia con el objetivo de recaudar fondos). Al igual que otros actores de las SCO, estos cuentan y administran una gran cantidad de recursos que van desde: recursos materiales, humanos, sociales y organizacionales (capacidades de liderazgo, negociación y comunicación), culturales (manejo de códigos de conducta “el discurso”) y morales (el prestigio de la organización radica en el “capital moral” como si fuera una marca de calidad). Finalmente encontramos la dimensión de resultados, la cual como el nombre infiere se traduce en la etapa de cosechar los logros adquiridos gracias a la dimensión estratégica; analizar si se logró o no construir o modificar políticas públicas que beneficien la causa, presentar constante monitoreo a través de expertos que representen los intereses de la organización, concretar entregas de bienes, donativos económicos, actividades y programas de asistencia; y finalmente, seguir documentando información que permita establecer precedentes y redes de organizaciones civiles que fortalezcan las causas y rebasen el ámbito transnacional.

            Para concluir esta sección queremos presentar una reflexión sobre aquellas características negativas y retos que acompañan a las organizaciones no gubernamentales. Hay que enfatizar que el crecimiento y la expansión de este actor a lo largo de la esfera pública global es positivo; no obstante, acarrea consigo una gran variedad de dificultades, ambigüedades y dilemas. Primero, son organismos con un nivel de burocratización muy excesivo, pues su condición organizacional y estatus les obliga a llevar una gran variedad de documentación, trámites administrativos (por ejemplo: pago a staff, promoción de investigaciones, mantenimiento de la sede, entre otros), y un infinito número de gestiones operativas necesarios para aplicar y solicitar financiamiento. Segundo, la arena de trabajo puede tornarse conflictiva especialmente para aquellas organizaciones que luchan por causas similares, ya que les toca competir por recursos económicos escasos; esto podría propiciar la creación de instituciones con necesidades inexistentes o poco dignas. Tercero, muchas ONG elaboran o trabajan en proyectos de corto plazo cuyo seguimiento es nulo; por ende, a falta de seguimiento es probable que en el largo plazo el proyecto pierda su cause o falle radicalmente. Según Martha Ochman (2012) “las ONG muchas veces tienden a actuar más no a reflexionar”. Cuarto, la posibilidad de un excesivo “paternalismo” y por ende una drástica disminución del papel del Estado frente a la sociedad – este punto ya lo mencionamos en el párrafo anterior – sin embargo, ¿para quién es buena la cooperación si existe una mezcla de conflictos, cooperación, competición y cooptación entre el Estado y las ONG?, reiteramos que el riesgo que esto acarrea es una sistemática deslegitimación del Estado; según Petras (citado en Murugó 1998, p. 46) la excesiva proliferación de las ONG en América Latina ha sido un instrumento de consolidación del modelo neoliberal. Quinto, en relación con el punto anterior encontramos otro riesgo: una posible despolitización de la sociedad, en otras palabras la falta de democracia (“democratic deficit”), principalmente porque las ONG no son instituciones democráticas sino organizaciones legitimadas en la acción colectiva pero con jerarquías controladas por dirigentes de facto. Sexto, la posibilidad de la pérdida de identidad nacional por parte de una fuerte corriente hegemónica de las organizaciones del Norte colonizando al Sur con su “imperialismo Cultural”; tenemos que tomar en cuenta que vivimos en sociedades culturalmente diferentes y muchas veces los conceptos de “desarrollo” o “buen vivir” se manifiestan de manera disímil en cada comunidad, pueblo, estado, región o nación. Saskia Sassen (2007) menciona en sus estudios que las ONG venden un modelo de vida, un modelo más próspero (conceptos de desarrollo), lo que puede generar una migración de las poblaciones locales hacia países con mayor nivel de “desarrollo” o inclusive a ciudades o comunidades más aventajadas dentro del mismo Estado. Séptimo, Gordenker y Weiss (1996, p. 218) hacen referencia al gran dilema de las ONG modernas sobre tratar temas de manera “estrecha” o muy “específica” en comunidades de base para concentrar esfuerzos en objetivos más grandes y transnacionales; o en su defecto, los temas de las comunidades de base hacerlas extensivas a la comunidad global. Esto nos hace reflexionar sobre los verdaderos intereses de las ONG ¿son realmente instituciones que trabajan para una causa local y beneficio a una comunidad de base; o estos segmentos de la población mundial son una pieza más del gran rompecabezas que pretenden armar?, con intensiones buenas o hasta un tanto difuminadas, tenemos que hilar muy fino entre cada causa y determinar si verdaderamente se están persiguiendo los objetivos que les dieron nacimiento o en su defecto están encausando nuevas rutas ideológicas que en nombre del desarrollo apoyan ideales desestabilizadores en contra de gobiernos democráticos. Octavo, existe el dilema sobre el crecimiento estructurado de ciertas organizaciones que bien se conocen como “súper ONG” ya que sus causas abarcan un gran porcentaje del financiamiento mundial. Por otra parte se encuentran aquellas pequeñas organizaciones que se mantienen apoyando  a grupos de base en el nivel local. La diversificación de estas pequeñas organizaciones evidencia una fragmentación del Estado y proliferación de dichas organizaciones. Finalmente, el gran reto de las organizaciones no gubernamentales es consolidar “democráticamente” una gobernanza global más justa que busque objetivos sinceros y no solo el apoyo de ideologías caducas. El trabajo de las ONG es muy importante y necesario, simplemente hay que transparentar más aun la información (accountability), compartir buenas prácticas que sumen mayor participación ciudadana y generar documentos de calidad que evidencien con honestidad los aspectos negativos que sacuden a nuestra sociedad global.

IV. Sección N°3: Comunidades Epistémicas.-

             En esta sección pretendemos abrir un modesto debate acerca de los grupos o comunidades epistémicas (CE), sus características y además su aplicabilidad en el marco de la realidad que experimenta la sociedad civil latinoamericana. A diferencia de los conceptos antes expuestos, una comunidad epistémica se define como una red de profesionales con reconocida experiencia y competencia en un campo particular. Debido a su conocimiento especializado, las comunidades epistémicas cuentan con suficiente “legitimidad” en el área de políticas dentro de un campo determinado (Haas 1992, p. 3). Vamos a desintegrar el término y analizar detalladamente sus partes más importantes: 1) son redes de expertos y/o profesionales de “reconocida experiencia”, lo que pone de manifiesto la condición sine qua non para conformar dicha red o comunidad y evidencia la importancia que tendrá el conocimiento y la expertise para estos actores; 2) su capacidad para influenciar en la instalación de políticas públicas de alcance nacional o internacional, nótese que existen autores que inclusive utilizan el verbo “reclamar” como una acción atribuida específicamente a las CE, pues es evidente que el conocimiento de un área específica legitima su proceder; y 3) las comunidades epistémicas no necesariamente se caracterizan por contar con cualquier tipo de experto, pues para conformar una CE deben juntarse expertos en temas muy particulares, en donde puedan influir y agregar políticas públicas relevantes para la humanidad, por ende podemos afirmar que este actor de la sociedad civil organizada empieza a jugar un rol más transnacional. Peter Haas (1992, p. 6) sugirió el uso del concepto para analizar la influencia que redes de expertos han tenido en la instauración de políticas de alcance internacional en diferentes campos. Algunos de los casos que él y su grupo desarrollaron fueron principalmente en los temas de control de armas nucleares, protección de la capa de ozono, tratados de libre comercio, y regímenes de ayuda internacional en materia de alimentos.

            Tal como hemos podido inferir en el párrafo anterior las comunidades epistémicas guardan una carga de características que definitivamente las diferencian de otros actores de la sociedad civil organizada. Según Michael Karlsson (2004, p. 79-100) en su caso de estudio sobre las comunidades epistémicas y la seguridad cooperativa[5], existen “tentativamente”[6] seis variables que moldean a las comunidades epistémicas y en especial condicionan y determinan su participación en la arena de la SCO y la esfera pública. En primer lugar encontramos al “consenso”, entendido como el proceso mediante el cual los miembros del grupo o red epistémica deberían compartir en su mayoría con la visión del problema planteado y por ende con la o las posibles alternativas de solución propuestas. Sin embargo, en la práctica puede existir un consenso de los cómos, pero no de los qué o viceversa. No obstante, consideramos que el grado de profesionalización, la magnitud del problema y el nivel de argumentación jugarán un papel muy importante en la consecución de un consenso mayoritario. Haas (1992, p. 18) explica en una gráfica la diferencia que existe entre las CE y otros actores como los grupos de interés, de presión, partidos políticos y la burocracia en general; y es muy enfático en concluir que las comunidades epistémicas se ubican en los ejes más altos donde: a) existe mayor consenso en cuanto a los temas de conocimiento teórico y b) un alto grado en cuanto a los intereses y valores compartidos. En segundo lugar, la “densidad” vista como la cantidad de integrantes e inclusive el flujo de la información compartida a través de la red. Según Keck y Sikkink (1998) las redes tienden a operar mejor cuando son densas, con muchos actores, fuertes nexos y vínculos entre los grupos de la red y constante intercambio de información confiable (citado en Karlsson 2004, p. 5). No obstante en la práctica, esta variable, a pesar de ser importante, podría tener poco peso al momento de analizar los resultados conseguidos por la CE, nuevamente el grado del problema podría generar tanto menor consenso como densidad. En tercer lugar tenemos a los “recursos”, al igual que en las ONG, las CE necesitan de recursos para poder operar; sin embargo, debido a que estos grupos funcionan a manera de red – como veremos en la última sección sobre “redes de defensa” – no necesitan un fuerte ingente de recursos o carecen de tantos trámites burocráticos como vimos en las organizaciones no gubernamentales. Según Karlsson (2004) las CE en general recurren a recursos por “auto-agregación” de sus miembros, que en este caso podríamos inferir que su aporte más significativo es el tiempo y el conocimiento traducido en: estudios, investigaciones, análisis teórico, estadísticas, entre muchos otros. En cuarto lugar se encuentra la “incertidumbre”, comprendida como el bajo grado o la falta de interpretación de un determinado problema. Según Alexander George (1985) una situación de incertidumbre es aquella en la que los actores deben tomar decisiones sin contar de primera mano con información adecuada o inclusive la falta de conocimiento necesario para armar distintos escenarios y probar hipotéticos cursos de acción (citado en Haas 1992, p. 13). La incertidumbre juega un papel muy importante al legitimar las opiniones vertidas por los miembros expertos de una comunidad epistémica; pues los tomadores de decisiones, ante un momento de crisis o problema inminente, se encuentran en un dilema en donde el poder político puede aportar muy poco a la solución de la crisis y donde la validez de las instituciones podría inclusive desaparecer o quedar obsoleta si el problema afecta a los canales normales del sistema institucional establecido. Cuando actuar de manera inmediata es la única alternativa, la asesoría y ayuda por parte de las CE resulta formidable para un tomador de decisiones en “aprietos” y con grandes responsabilidades. Existen cuatro razones por las cuales las CE aportan de manera positiva a la solución o aplacamiento de las incertidumbres: 1) pueden crear escenarios de “causa y efecto” que minimicen el riesgo de cualquier decisión; 2) las CE pueden dar luz sobre la verdadera dimensión del problema y además sobre las posibles consecuencias de tomar la decisión o no tomarla; 3) el análisis profundo del problema puede ayudar a replantear los verdaderos intereses del Estado; y 4) las CE pueden ayudar a crear políticas públicas y moldearlas en cualquier etapa de la creación de las mismas (Haas 1992, p. 15-6). En quinto lugar observamos a la “institucionalización científica o grado de consulta”, el cual es visto por algunos autores con uno de los factores más importantes ya que la sociedad civil tiene que institucionalizarse para legitimar sus decisiones. En este caso específico la institucionalización puede ser vista como el acceso que tienen los miembros de la CE a los “hacedores de política” o inclusive pertenecer a la estructura burocrática misma (Adler y Haas 1992, citado en Karlsson 2004, p. 6). En otras palabras podemos hablar de miembros “insiders” y miembros “outsiders”; donde los “insiders” tienen mayor conocimiento del sistema tecnocrático o han ocupado cargos o posiciones que les permiten obtener información más privilegiada, conocer asuntos técnicos involucrados centralmente y los involucrados ocasionalmente, entre otros; en su defecto, los “outsiders” tienen que recurrir a mayor movilización y les cuesta más legitimar su ideal ya que los “insiders” tienen más oportunidad de llegar con facilidad a los tomadores de decisiones. Finalmente encontramos a la “estrategia de comunicación”, muy similar a otros actores de la SCO, las CE necesitan de ciertas técnicas que les permitan aproximarse a las fuentes de poder. Sin perder de vista que la mayor “arma” de las comunidades epistémicas es el conocimiento y el “expertise”, Karlsson (2004, p. 8) menciona cuatro aspectos estratégicos relacionados a las prácticas de cabildeo que revisamos en la sección N°1: a) la aproximación al poder, que consta de la relación directa con los altos mandos que toman decisiones; b) la aproximación tecnócrata (relacionada con el grado de consulta de los insiders), que consta de miembros que conocen el sistema burocrático y legal ya que han participado en procesos similares y su estrategia consta en armar soluciones para mandos medios que puedan estructurar sus ideales; c) la aproximación por construcción de coaliciones, a nuestro criterio la más cercana a estrategias “disruptivas” aunque reiteramos que la movilización no es una característica de las CE, sin embargo sus estudios y conclusiones pueden formar coaliciones con otros actores de la sociedad civil, otros gobiernos e inclusive movimientos sociales para legitimar sus causas; y d) la aproximación con movilizaciones de base, lo que puede resultar en un llamado a los hacedores de políticas a través de la opinión pública vertida en varios países y sociedades.

            El debate empírico sobre la aplicabilidad de las comunidades epistémicas en la realidad de la sociedad civil latinoamericana es bastante amplio, ya que es difícil y casi imposible encontrar ejemplos tangibles que demuestren una red de profesionales y expertos que con un sentido altruista, académico y sin fines de lucro dispongan de su tiempo y conocimientos para organizarse, activarse, luchar por causas justas y emprender acciones estratégicas para llegar a los “poderosos tomadores de decisiones” e influir en ellos para lograr los objetivos de la red. La figura que más aplica en nuestra realidad latinoamericana es la de “consultorías” o “asesorías”; por ende, aquellos que podrían “emular” a una comunidad epistémica se traducen en empresas consultoras, dotadas de expertos (nacionales y extranjeros), muy actualizados en su campo de especialidad, con muchas relaciones internacionales, otras empresas consultoras, organismos intergubernamentales, fundaciones y otros actores sociales. Aquellas con mayor prestigio son contratadas por los gobiernos de turno para elaborar proyectos, planes e inclusive borradores de políticas públicas necesarias para mejorar la eficacia de “x” o “y” institución burocrática e inclusive resolver conflictos o incertidumbres concernientes al mismo Estado. Muchos miembros de estas empresas consultoras son expertos “free lance”, quienes constantemente están elaborando estudios, publicaciones, actualizando estadísticas y contribuyendo con material académico que pruebe su “expertise” al momento de ser incluidos en otro proyecto (nótese que la gran mayoría de sus publicaciones son resultantes de trabajos altamente remunerados previamente y conforman su “portafolios”), demostrando evidentemente densidad tanto en sus integrantes como en el flujo de la información que manejan. Otra característica importante de estos actores en América Latina es que la gran mayoría son consideradores “insiders” puesto que gracias a sus relaciones con diferentes funcionarios de gobierno, obtienen información privilegiada y tecnocrática que les otorga una ventaja competitiva frente a cualquier otra “red”; inclusive, muchos fueron funcionarios públicos o pasan a serlo luego de haber liderado algún proyecto exitoso. Finalmente, las estrategias de comunicación no difieren mucho con las mencionadas en el párrafo anterior, pues muchas empresas consultoras utilizan sus influencias para llegar rápidamente a los poderosos, o utilizan, como lo vimos anteriormente, sus experiencias previas como “insiders” para influir en proyectos o políticas; muchas forman coaliciones con otros actores sociales en búsqueda de mayores recursos o financiación; inclusive, recurren a movilizaciones de base para influir en la opinión pública, crear un problema y brindar una solución “eficiente”. Creemos fielmente que las comunidades epistémicas existen, inclusive estamos seguros que hay expertos latinoamericanos que conforman redes en Estados Unidos y Europa y que inclusive han colaborado en proyectos por puro altruismo académico. En México se podría hablar de un grupo de expertos que constantemente aboga por las mejoras en la educación, según un estudio del Boston College (2003, p. 1-12), se afirma que en México existe una sombra de lo que podemos llamar CE pero concluye que sus resultados no son del todo positivos. En Ecuador podríamos hablar de una comunidad de expertos en temas turísticos, pero en cambio la mayoría ha logrado más resultados desde la consultoría que desde la sociedad civil organizada.

V. Sección N°4: Las Redes de Defensa Transnacional.-

             En esta última sección vamos a abordar a las Redes de Defensa Transnacional (RDT); principalmente su estructura sin estructura, su importancia a nivel internacional y las tácticas que utilizan para sistematizar la acción colectiva y emprender cambios en la política transnacional. Según Keck y Sikkink (2000, p. 17) las RDT se distinguen principalmente porque se forman debido a la posición medular de sus ideas o valores basados en principios; establecen nuevos vínculos entre otros actores de la sociedad civil, los estados y las organizaciones internacionales; hacen posible que haya recursos internacionales a disposición de los nuevos actores en las luchas políticas y sociales nacionales; y ayudan a transformar la práctica de la soberanía nacional. En pocas palabras, son redes de activistas que se distinguen principalmente porque comparten una gama de valores e ideas vinculadas a una ética común que persiguen y defienden, toman acciones colectivas voluntarias entre las fronteras del Estado y persiguen el bien público. Son una forma de organización horizontal (a diferencia de las ONG o movimientos sociales – que como mencionamos anteriormente – guardan una estructura más vertical y jerárquica), lo que les permite trabajar con mayor agilidad y versatilidad. Una red fuerte está conformada por varios núcleos o actores y cuyas estructuras son muy flexibles ya que es muy fácil entrar y salir de éstas. Entre las características que más sobresalen podemos mencionar las siguientes: 1) carecen de  procesos para tomar decisiones; 2) no poseen financiamiento ya que la mayoría de recursos son agregados por los actores (similar a los grupos epistémicos); 3) reaccionan con mucha rapidez a los cambios en los contextos sociopolíticos y económicos del mundo globalizado; 4) abogan por causas de terceros (generalmente los más vulnerables); 5) en principio nacen por la defensa de los derechos humanos y actualmente los derechos sociales y económicos; 6) se activan cuando existe un daño y cuando se puede identificar un actor causante; 7) generalmente utilizan estrategias coercitivas; 8) creen firmemente que los individuos pueden lograr un cambio; 9) utilizan la información de manera creativa; y 10) los actores no gubernamentales emplean complejas estrategias políticas al lanzar sus campañas (Keck y Sikkink 2000, p. 18).

            Partiendo de la definición presentada en el párrafo anterior, podemos inferir que las redes de defensa son estructuras muy comunicativas, de hecho el flujo de la información y la rapidez y agilidad con la que se comuniquen va a determinar el grado de eficiencia y eficacia sobre la acción colectiva traducida en campañas. Al inicio mencionábamos el hecho de que son “estructuras sin estructura” – refiriéndonos que a diferencia de los otros arquetipos de la sociedad civil organizada que hemos estudiado en secciones anteriores, las redes no requieren de un cuerpo colegiado rígido, sede o trámites burocráticos – sencillamente detectan una causa y se activan junto con otros actores como: gobiernos, ONG, movimientos sociales, empresarios, ciudadanos, grupos de interés entre muchos otros, para emprender campañas de abogacía y defender una causa. El panorama mundial actual propicia un escenario ideal para explotar el trabajo de las RDT, pues los avances en la comunicación permiten conectar a diversos núcleos (actores) en varios países del mundo con un solo clic; según Keck y Sikkink (2000, p. 32) existen tres momentos que facilitan el surgimiento de las redes: a) cuando la comunicación con el gobierno está bloqueada; b) cuando los empresarios consideran que la causa que éstas defienden los puede beneficiar; y c) cuando existen conferencias internacionales donde los actores o potenciales actores se pueden conocer. Nosotros agregaríamos un cuarto momento que corresponde a la contemporaneidad, pues más allá del avance en las tecnologías de la comunicación, hoy vivimos en una aldea (cada vez más reducida) donde gracias al Internet e inclusive equipos remotos (tales como: “Smartphones”, “iPads”, “Tablets”, entre otros) podemos interactuar en tiempo real a través de las redes sociales tales como: Facebook, Twitter o YouTube; y, compartir junto con otros actores, apoyar causas con un clic (o un “me gusta”), participar activamente lo que pensamos, compartirlo a otros internautas, denunciar, debatir y hasta chatear en vivo con aquellos “tomadores de decisiones” que también forman parte de esta gran red global. Uno de los casos más recientes que argumenta nuestra propuesta, es precisamente la red viral denominada “Kony 2012”, un documental publicado por un grupo activista de San Diego y apoyado por la ONG “Invisible Children”, quienes lograron establecer una agenda mundial para denunciar a Joseph Kony, el ugandés líder del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), acusado de esclavizar a niños. Según Lee Rainie, productor del filme y especialista en campañas de abogacía, ésta movilización fue un ejemplo clave de lo que puede lograr una “campaña viral”: tratar de resolver un conflicto (de manera física) que, de no ser por las redes sociales, no se hubiera dado a conocer en el mundo; evidenciando que las redes sociales y los mensajes celulares pueden poner en la agenda global un conflicto, organizar y movilizar gente (citado en Chávez 2012, p. 1).

            Si nos detenemos a analizar detalladamente el ejemplo anterior podemos encontrar algunos rasgos que definen a las RDT; y además, poner en evidencia aquellas características o tácticas que utilizan para influir en la opinión pública y denunciar a aquellos actores que violan los derechos de los más vulnerables. En líneas seguidas pretendemos explicar cómo funcionan las redes de defensa y posteriormente identificar sus “fases de influencia”. Keck y Sikkink (2000, p. 36-48) manifiestan que el trabajo que realizan las redes de defensa puede ser definido a través de dos procesos: a) persuasión y b) socialización; y son enfáticas en aclarar que ninguno de los dos métodos deja de implicar conflictos o coerción como revisamos en la primera parte de esta sección. La primera estrategia es la política de la información, la cual consiste en crear campañas informativas que comuniquen en “voz de protesta” lo que pretenden defender o lo que desean cuestionar; sus principales armas son la creatividad y el dramatismo, buscan testimonios o vivencias reales que causen un impacto, su intención es apelar a las emociones y sentimientos de otros actores, muestran escenas desgarradoras que reflejen con mucho énfasis la realidad o una situación en particular; sin embargo, es importante aclarar que la información presentada debe ser creíble, verificada y oportuna. A diferencia de las comunidades epistémicas, las redes no utilizan tantos datos tecnocráticos o académicos, tales como informes, estadísticas o estudios; no obstante, parte de la información posterior y/o durante la campaña puede acompañar documentación adicional que sustente con mayor énfasis los principios compartidos de la red. Según Rainie, el documental sobre la verdad de “Kony” logró conectar y rebasar fronteras porque es emocionalmente fuerte (citado en Chávez 2012, p. 1), es claro que las imágenes utilizadas causan un impacto en la audiencia, que se traduce en movilizaciones y la respuesta inmediata de otros actores (la activación). En segundo lugar se ubica la política simbólica, que como su nombre lo indica, consiste en la búsqueda de símbolos que identifiquen la causa. La interpretación simbólica forma parte del proceso de persuasión mediante el cual las redes crean mayor consciencia y se expanden (Keck y Sikkink 2000, p. 44), algunos ejemplos pueden ser: utilizar fechas conmemorativas o históricas, imágenes, prendas especiales o accesorios como: los pañuelos de las madres de la Plaza de Mayo en Argentina, los brazaletes “Livestrong” en la lucha contra el cáncer, los ponchos en las movilizaciones indígenas, entre muchos otros. En tercer lugar encontramos a la política de apoyo y presión, como todo actor de la SCO busca llamar la atención política para legitimar sus acciones. Apoyadas en su campaña de información, las redes constantemente solicitan apoyo de actores fuertes como empresarios, políticos, artistas, organizaciones intergubernamentales, o grandes ONG que: 1) influyan en la opinión pública; 2) impulsen o veten proyectos de ley; 3) agreguen recursos financieros o materiales; y 4) logren posicionar una agenda política ya sea nacional o internacional. Según Keck y Sikkink (2000, p. 46) la presión moral implica lo que algunos han llamado la “movilización de la vergüenza”, cuando se hace público el comportamientos de los actores sobre los que se quiere influir para que sea examinado internacionalmente. Es evidente que parte de las prácticas coercitivas y de persuasión que utilizan las redes consiste en “avergonzar” (con la cruda verdad), a políticos o empresarios, y exponerlos ante la opinión pública en pos de desprestigio; tomando en cuenta que lo que más valoran los gobiernos y emporios corporativos son su imagen y la buena opinión de los demás. Finalmente encontramos a la política de responsabilización, la cual sencillamente consiste en utilizar las promesas de ciertos gobiernos y hacerles cumplir lo que propusieron públicamente o inclusive utilizar sus declaraciones pasadas para establecer argumentos en favor de los principios de la red y exponer la realidad que existe entre lo que se dice y lo que verdaderamente se hace (muy similar con el análisis sobre las campañas de vergüenza). Todas estas tácticas están elaboradas a base de la construcción de marcos cognoscitivos; según David Snow alinear el marco consiste en que todos los acontecimientos tengan un significado, ya que los marcos funcionan organizando la experiencia y guiando la acción, ya sea individual o colectiva (citado en Keck y Sikkink 2000, p. 38). Los miembros de la red buscan activamente diferentes maneras de llevar los asuntos de su interés a la escena pública, enmarcándolos imaginativamente y buscando los recursos legales receptivos; como bien mencionan Keck y Sikkink, a veces se crean nuevos temas al darles un marco nuevo a problemas viejos.

            Tal como hemos discutido en otros actores de las SCO, las redes de defensa transnacional cuentan con “fases de influencia” en donde finalmente se traducen los resultados obtenidos por la aplicación de estrategias tácticas de persuasión y socialización. Es necesario comprender que las redes toman en cuenta dos aspectos importantes: la “causa” y los “actores”. Por un lado la causa o el problema que persiguen, el cual no siempre se construye en función de principios compartidos; sin embargo, estructuran marcos de intencionalidad donde pueden identificar tanto al problema como atribuir al causante del mismo y responsabilizarlo. Según Keck y Sikkink (2000, p. 51) existen dos características de esos problemas que aparecen con más frecuencia: 1) asuntos relaciones con el daño físico a individuos vulnerables, sobre todo cuando existe una cadena causal que señale al responsable, y 2) asuntos acerca de la igualdad u oportunidad legal; en pocas palabras, el problema generalmente tiende a enmarcarse en el discurso de los derechos humanos. Otro momento corresponde a la identificación de los actores, quienes deben cooperar con la causa, transmitir mensajes e información fidedigna, establecer fuertes conexiones entre los miembros (tanto de países-meta como de otros países) y conseguir apoyo institucional. Las autoras son muy explícitas en afirmar que en una campaña deberán existir tanto los actores civiles, mencionados anteriormente, y los actores-meta quienes pueden definirse como aquellos “vulnerables” al apoyo internacional o que puedan ser persuadidos por cuestiones económicas o presiones extranjeras (Keck y Sikkink 2000, p. 53). Para valorar la influencia de las redes de defensa debemos examinar el cumplimiento de las metas en diferentes niveles: 1) creación de un problema y establecimiento de una agenda; 2) influencia  sobre las posiciones discursivas del Estado y organizaciones internacionales; 3) influencia sobre los procedimientos internacionales; 4) influencia sobre el cambio de táctica de los “actores meta”; 5) influencia sobre el comportamiento estatal (Keck y Sikkink 2000, p. 48). Finalmente, podríamos agregar la influencia sobre la opinión pública y principalmente sobre cómo cambiar la percepción de la sociedad. En este punto queremos concluir explicando brevemente el denominado “efecto bumerang”, el cual ejemplifica perfectamente el trabajo de una red de defensa transnacional. Para imaginarnos este proceso tenemos que enumerar a varios actores que participan directa o indirectamente: los Estados (pueden ser varios), las instituciones intergubernamentales (las cuales influyen en la política internacional), otros actores de la sociedad civil organizada (ONG’s, fundaciones, grupos de presión, etc.) y por último a la sociedad en general. En primer lugar, se debe identificar al “asunto” o la “causa” y al “causante” o “actor meta”; luego, activar la red e iniciar las tácticas de socialización y persuasión para cumplir con los objetivos antes expuestos como: posicionar una agenda, cambiar el discurso o comportamiento del Estado e influir en procesos de la política transnacional. Cuando la red se activa, se van a adherir todo tipo de actores civiles, por ejemplo organizaciones no gubernamentales, las cuales se van a comunicar con otros actores en países extranjeros, para que estos a su vez, empiecen a presionar a sus gobiernos e incorporen, en sus agendas políticas, la causa que la red defiende. Hacemos un paréntesis para acotar que dependiendo del grado de vulnerabilidad del actor-meta se trazarán las diferentes estrategias, ya que si el Estado “X” (suponiendo que es un régimen democrático) es susceptible a presiones económicas de la Comunidad Europea, entonces las tácticas irán encaminadas a buscar el apoyo de Europa. Una vez que los diferentes miembros de la red han logrado influir en sus gobiernos, el Estado “Y” (o grupo de Estados) traslada la causa a una agenda política intergubernamental para que a través de organismos como la ONU, la CIDH, la OEA, entre otros, presionen al Estado-meta y logren influir en el cambio de táctica, posición y comportamiento de dicho régimen. En pocas palabras el objetivo de la red se podría haber cumplido, aunque no necesariamente funciona de esta manera ya que existen Estados que no son muy fáciles de persuadir o los canales de acceso son más complicados. Es importante aclarar que el efecto bumerang juega un papel importante cuando se bloquean los canales entre el Estado y sus actores nacionales.

VI. Conclusión.-

 A lo largo de este artículo hemos recorrido y analizado los arquetipos más importantes que conforman a la sociedad civil organizada. Tal como mencionábamos en la introducción, vivimos en un mundo diferente y constantemente cambiante, donde es evidente que la influencia de actores como los grupos de presión, movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, comunidades epistémicas y redes de defensa transnacional, juegan un rol fundamental, al darle voz e inclusive voto (en determinadas ocasiones) a miembros de una sociedad olvidada y hasta desamparada por Estados arrogantes y mercados egoístas. La globalización de la política, del comercio y de las telecomunicaciones, en otras palabras el gran desarrollo industrial y tecnológico que vivimos, ha creado situaciones desfavorables para muchos ciudadanos. Es evidente que el neoliberalismo y su ideología individualista y ferviente al capital, ha traído consigo consecuencias nefastas para la calidad de vida de muchas poblaciones y comunidades, especialmente en Estados débiles; que sumergidos en deudas con el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, perdieron toda noción de soberanía y dejaron en el olvido (por imposición) las políticas desarrollistas, sociales y asistencialistas, que demandaban aquellos soberanos y mandantes: los pueblos; para servir a las burocracias internacionales antes mencionadas. No obstante, este nuevo escenario de la política internacional, también ha dejado la puerta abierta para el debate y rescate de aquello que se considera justo; la sociedad poco a poco ha ido despertando y compartiendo sus opiniones para luchar contra la hegemonía del capital y emprender acciones colectivas en defensa de los derechos humanos y también aquellos derechos sociales y políticos (borrados por la desregulación y desburocratización del Estado Nación). En la actualidad, se habla de la “nueva abogacía por los derechos” (“new rights advocacy”) que, a pesar de estar publicados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, existen instancias en las que no se cumplen y nadie los defiende. Por eso el rumbo de los actores transnacionales se está orientando hacia este camino (Nelson y Dorsey 2007, p. 189). La globalización a la que hacemos referencia constantemente, también ha convertido a los ciudadanos, pero de tal suerte, que hoy en día podemos hablar de una sociedad civil transnacional (rebasando las fronteras de las naciones sin tomar en cuenta las soberanías de los Estados). La sociedad civil transnacional se puede conceptualizar como una red de organizaciones “organizadas” con objetivos y fines en común (estos fines se convierten en la causa misma de su existencia). Su origen está en los Estados nacionales con realidades locales pero con acciones globales que finalmente aterricen nuevamente en el ámbito local. Según Richard Price (2003, p. 580) la sociedad civil transnacional puede ser considerada como aquel tercer sector conformado por agentes privados que actúan en la vida pública. Ésta sencilla definición es bastante acertada, ya que la mayoría de actores que hemos estudiado comparten esta característica, y más allá de su carácter privado al servicio público, todos los miembros que conforman la sociedad civil transnacional comparten algo mucho más fuerte que cualquier ideología, comparten un sistema de valores y una ética al servicio del ser humano. Hemos ejemplificado con claridad cómo actúa cada arquetipo que se desprende de la sociedad civil organizada. Los grupos de interés y grupos de presión, que por su parte moldean y rescatan ciertos valores de la sociedad para traerlos de vuelta en la agenda política; las organizaciones no gubernamentales, que con su carácter asistencialista tratan, de alguna manera, de actuar en pro del bienestar público y quienes con su perfil profesional pueden apelar en instancias internacionales para obtener mayores recursos financieros o legitimar sus causas; también están las comunidades epistémicas, que aunque su aplicabilidad no necesariamente es comprobada (al menos en Latinoamérica) juegan un rol importantísimo en acabar con la incertidumbre que puede llevar a gobernantes a aplicar y dictaminar políticas públicas nefastas para los seres humanos, gracias al conocimiento y su protesta académica pueden legitimar su opinión consultiva y muchas veces decisiva; finalmente las redes de defensa transnacional, con las que podemos evidenciar la construcción de espacios de opinión pública en “voz de protesta” para defender esa ética compartida al servicio del ser humano que mencionamos, utilizando un sin número de estrategias clave, tales como: coaliciones, campañas y movimientos, que en definitiva integran a todos estos actores y conforman la sociedad civil transnacional, sin duda alguna una gran esfera dentro de la esfera pública global. En conclusión, como hemos mencionado anteriormente, es necesario que sigamos construyendo una sociedad civil transnacional más articulada, ágil y eficaz, como prerrequisito para lograr regímenes globales más justos y democráticos, fortaleciendo la acción colectiva y luchando en contra del individualismo. Según Michael Hardt y Toni Negri (2000, p. 385), la sociedad civil moderna podría estar mutando hacia lo que ellos denominan “la multitud”, donde desaparecen los arquetipos, las clases y la misma sociedad civil como la conocemos y hemos descrito hoy. ¿Será que para cambiar el sistema debemos mutar a una “multitud” de seres que conviven en una sola aldea global? En todo caso, estamos consientes que el mundo sigue cambiando de paradigmas y si nuestra sociedad no se activa en la acción colectiva para seguir luchando por ideales justos, la “sociedad civil transnacional” podría ser un simple sueño utópico donde la gobernanza global seguirá siendo aquel sistema que beneficia y representa a los fuertes y castiga a los débiles.

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[1] Retórica utilizada por el Ec. Rafael Correa Delgado, Presidente Constitucional de la República del Ecuador.

[2] Teoría de Jünger Habermas que habla del “mundo de la vida”, el cuál se compone de la cultura, la sociedad y la personalidad. Cada uno de estos elementos hace referencia a pautas interpretativas o suposiciones básicas sobre la cultura y su influencia sobre la acción, a pautas apropiadas de relaciones sociales (la sociedad) y al modo de ser de las personas (la personalidad) y de comportarse. Comprometerse en la acción comunicativa y lograr la comprensión en cada uno de estos elementos conduce a la reproducción del mundo de la vida mediante el refuerzo de la cultura, la integración de la sociedad y la formación de la personalidad (Millán, 2007).

[3] Organizations, Y. o. (2012). Union of International Associations. Recuperado el 5 de abril de 2012, de http://www.uia.be/yearbook-international-organizations-online

[4] Entiéndase “enseñar a pescar” como una expresión en el argot popular referido a “enseñar a desarrollarse” o “aumentar en nivel de conocimiento” ya que solo con la educación seremos libres.

[5] Este estudio analiza cuándo o bajo qué condiciones, las comunidades epistémicas tienen éxito en la promoción de ideas acerca de la seguridad cooperativa en las estructuras intergubernamentales a nivel regional. A raíz de un caso de estudio preliminar de control de enfermedades transmisibles en la región del Mar Báltico, nos encontramos con que los acondicionadores tradicionales señalados por especialistas en las comunidades epistémicas se aplican a este caso también. La red de expertos en control de enfermedades transmisibles se ha visto favorecida por el consenso entre los especialistas, por la incertidumbre entre los responsables políticos, y por una institucionalización de la información científica. Por otra parte, nos encontramos con muy poco apoyo para los acondicionadores de que han sido tomados de la investigación las relaciones transnacionales en general. Esto significa que la comunidad epistémica ha sido muy influyente a pesar de un bajo grado de densidad, la falta de recursos, y un uso limitado de las estrategias de comunicación. Esto último implica que la fuerza de los argumentos de peso, en combinación con el carácter dramático de la cuestión, ha hecho que los responsables políticos sean susceptibles a las aportaciones de los expertos (Karlsson 2004, p. 1).

[6]  Nótese el uso de la palabra “tentativamente” ya que pueden existir más condicionantes.

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